Los baños de vapor en la ciudad

Un elemento intrínseco en Anáhuac –aun en su etimología– es el agua. No puede pensarse en la capital de los mexicas sin sus cinco lagos, las acequias, los acueductos, las lluvias que según Hernán Cortés caían todas las tardes, el Albarradón de Nezahualcóyotl, las chinampas, las inundaciones y los baños públicos en las calzadas que tanto asombraron a los españoles en el siglo XVI. Igual de sorprendente les pareció que los indios se bañaran hasta tres veces al día, cuando un europeo promedio lo hacía si acaso dos al año. Queda claro que el cuidado y bienestar del cuerpo eran asuntos realmente importantes entre los mesoamericanos.

Ahora que casi no tenemos lago –para Alfonso Reyes la historia de Anáhuac es la de su desecación– continuamos sin embargo vinculadísimos con el agua. Una muestra de esto son los baños de vapor que algunos únicamente han visto en películas como Principio y fin (Arturo Ripstein, 1993), mientras que para otros se trata de una práctica cotidiana indispensable. Sólo hay que asomarse a los Baños Señorial (Isabel la Católica 92, Centro), que abre todos los días del año de 6 a 21 horas, para entender la importancia que tiene el baño comunitario en la vida de muchos hombres y mujeres. Se lo debemos a los mexicas, sí, pero quizá también a las costumbres de los moros que Isabel y Fernando expulsaron de España en el mismo año del descubrimiento de América. También los baños turcos son vigentes en la capital mexicana en lugares como Baños Estadio (Calzada de Tlalpan 4341, Huipulco). La idea en este tipo de baño es limpiar, y también relajar el cuerpo por dentro y por fuera.

Los baños públicos como hoy los conocemos existen apenas desde mediados del Porfiriato, cuando pedagogos y sociólogos atribuían al baño la capacidad de transformar positivamente el país. Se creía que esta nueva institución mejoraría la salud pública y que por lo tanto incrementaría los valores de la clase baja, desde la cual en aquel tiempo se acuñaban dichos como: “Más vale oler a puerco que a muerto”. Vaya sopresa se llevaron los gobernantes al darse cuenta de que los nuevos y lujosos baños de vapor se transformaban en espacios de contacto entre homosexuales. Actualmente muchos de estos espacios siguen cumpliendo dicha función, como los Baños Finisterre (Manuel María Contreras 13, San Rafael), en donde el sexo en público no asusta a los clientes.

Pero no todos los saunas ofrecen esta característica. Es el caso de los Baños Colonial (Plaza de San Jacinto 10, San Ángel), que se anuncian como “altamente higiénicos”, refiriéndose tal vez a la ausencia de sexo entre hombres. Asimismo los baños de vapor durante la época colonial prescindían de esta condición. Se sabe que el virrey Revillagigedo autorizó su existencia en 1773, siendo los primeros de los que se tienen registro los Baños de Osorio, que constituían de acuerdo con José L. Cossío en su Guía retrospectiva de la Ciudad de México (1941) un “establecimiento de baños fríos, rusos, para gente pudiente” en la esquina que hoy hacen Paseo de la Reforma y Atenas.

Pero volvamos a los mexicas, entusiastas usuarios de las aguas medicinales de Tepetzinco-Acopilco, que hoy llamamos el Peñón de los Baños. Ahí se bañaban los emperadores y grandes señores, como también lo hicieron más tarde Maximiliano de Habsurgo, Porfirio Díaz, Pedro Infante y otros personajes. En la recepción de Baños Medicinales del Peñón (Quetzalcóatl esq. Circuito Interior, Peñón de los Baños), que vivió tiempos mejores, se aprecian un par de premios internacionales que reconocen el alto valor de las propiedades minerales que emanan del pozo del famoso peñón. Se cree que estos minerales, entre ellos el litio y el sodio, alivian la depresión, previenen el cáncer y desde luego benefician la piel.

Hoy subsisten alrededor de 200 baños de vapor en la Ciudad de México, lo que resulta desesperanzador si tomamos en cuenta que hace un par de décadas se contaban más de 1 mil 500. Algunos de los más célebres, amén de los relatados antes, son los Baños Rocío (Calzada de Tlalpan 1165, San Simón Portales), Baños Marina (Lago Hurón 2, Tacuba), San Juan (López 120, Centro) y Baños Balmis (Dr. Balmis 124, Doctores); estos últimos en funcionamiento ininterrumpido desde 1930. En la mayoría la entrada al sauna general no excede los 60 pesos, y por un masaje suelen pagarse no más de 200. ¿Qué estamos esperando para ir?

Artículo originalmente publicado en El Fanzine.