La Librería Madero se muda

La Librería Madero, emblema del Centro Histórico desde 1951, abandonará pronto el local de Madero 12 porque su propietario, Enrique Fuentes Castilla, ya no puede pagar la renta. Así me lo informó él mismo esta mañana.

Entré a la librería casualmente cuando Enrique conversaba con dos miembros de la familia Dávila, dueños y habitantes del edificio. El encuentro entre los cuatro transcurrió con cortesía; sólo hubo tensión cuando pedí de broma a los caseros que no le subieran la renta al famoso librero –no les causó gracia. Enrique ya empezó a desmontar los libros de los bellos anaqueles de madera que instalaron los hermanos Sanborn en 1903 para su botica y fuente de sodas –la primera en México. Dichos anaqueles están a la venta, so pena de ser destruidos por los próximos inquilinos. La Librería Madero, especializada en historia de México, tiene muchas historias, las cuales fluyen desde la memoria y a través de la elocuencia de Enrique; en ellas aparece prácticamente cualquier personalidad de la política y las letras del siglo XX, desde Juan Rulfo, que vivió arriba de la librería, hasta Ernesto Zedillo, que estuvo ahí cuando fue secretario de Educación Pública. Según Enríque éste llegó en compañía de Héctor Aguilar Camín después de una comida en el extinto Prendes. Desde que atravesaron la puerta el librero intuyó que iban por un par de ejemplares de Gramática de la Lengua Castellana de Antonio de Nebrija, así que se los facilitó incluso antes de saludarlos. Ambos quedaron impresionados. Enrique se despidió con un reclamo: “Héctor, tú eres de los pocos que leen estos libros, y sólo has venido dos veces”. La Librería Madero estará muy pronto en la esquina de Isabel la Católica y San Jerónimo, en el Centro Histórico, donde por décadas estuvo el Ateneo Español. Hoy salí contento por la extensa charla sobre varios temas habituales –Salvador Novo, Saltillo, Pan Segura (16 de Septiembre 72, Centro), Nahui Ollin, Bernal Díaz del Castillo, la familia Yturbe, etcétera–, pero también triste por la noticia, y con dos adquisiciones: El increíble Carlos Balmori de Fernando Martí y Glifos de la Ciudad de México de Pablo Moctezuma Barragán. Espero que no sean los últimos libros que compro en Madero 12. Ojalá pueda regresar antes de la mudanza y comprar finalmente los costosos tomos de la reedición de 1969 de La Ciudad de México de José María Marroquí, los cuales examino y anhelo desde hace años.



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