Disfrutar la Ciudad de México a solas
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Esta es una ciudad de solitarios, incluso para los solitarios que deciden acompañarse entre sí. Los tiempos muertos, las citas canceladas, los domingos, las ausencias de los amigos, los días de vacaciones… Existen muchos motivos por los cuales uno termina enfrentándose a la Ciudad de México a solas. A continuación algunas ideas para disfrutar estos momentos. La foto de la Cafetería Trevi es de Dorian López.
Museo Colección Blaisten. Ricardo Flores Magón 1, Tlatelolco. Este bello recinto se encuentra en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Aquí exhiben importantes piezas de arte mexicano, sobre todo del siglo XX. Se antoja para recorrerlo a solas, sin prisas. La decoración es agradable, con muebles de hace décadas restaurados para sentarse a leer los catálogos del museo.
Barrio de San Juan Tlihuaca. Federico Gamboa s/n, Azcapotzalco. No muy lejos del metro Tezozómoc se encuentra el barrio más grande y tradicional de Azcapotzalco, también conocido como “de los brujos”. El templo franciscano es muy bello, incluyendo el atrio arbolado. También vale la pena caminar por el panteón vecinal, así como admirar los ahuehuetes sembrados antes de la llegada de los españoles –se dice que debajo de ellos está enterrado el famoso tesoro de Moctezuma. Para un solitario es encantador pasear por estos lugares silenciosos, como de pueblo.
Sinestesia. San Luis Potosí 121, Roma. En la esquina con Jalapa estuvo muchos años el Café de Nadie, célebre para los escritores estridentistas durante la primera mitad del siglo XX. Ahora aquí existe un restaurante atendido por su propietario, Rigel, quien prepara platillos a partir de traducir obras de arte. Dan ganas de pedirle que cocine un menú de acuerdo con la soledad, las alegrías y los anhelos de uno. Hay que intentarlo, lo hará con gusto.
Chalet Suizo. Niza 37, Juárez. La casa es de 1910. Cuarenta años después el arquitecto Noldi Schreck, que murió hace no mucho, la ambientó para hacernos sentir en los Alpes. Este restaurante tuvo mejores tiempos en los sesenta, pero hoy sigue con su servicio impecable. Hay que probar el schnitzel y otras delicias de la gastronomía centroeuropea. Resulta ideal para estar a solas, pues el restaurante suele encontrarse vacío. Además aquí te atienden bien, te olvidas de los coches y de los problemas.
Fonoteca Nacional. Francisco Sosa 383, Santa Catarina Coyoacán. Es una grata experiencia conocer la Casa Alvarado, de inspiración andaluza y con más de 300 años de antigüedad, y en la que por cierto murió el escritor Octavio Paz. La arquitectura y los jardines bastan para que la experiencia sea inolvidable, pero también debería consultarse el acervo de la Fonoteca Nacional, alojado en esta enorme casa , en una de las zonas más bonitas de la Ciudad de México.
Casino Español. Isabel la Católica 31, Centro. Recomiendo el bar, en la planta baja, al fondo. No hay señal de celular, pero sí tortilla de patatas, paella y pepitos riquísimos. Acá uno se olvida del mundo, bebe cubas, suspira y se siente feliz sin gastar tanto.
Plaza de la Solidaridad. Dr. Mora esq. Balderas, Centro. Aquí solía estar el Hotel Regis, desaparecido el 19 de septiembre de 1985. A partir de aquel suceso el terreno se destinó a conmemorar a las víctimas de los terremotos de aquel año. Hoy aquí existen un monumento, un carrusel y unos baños públicos. En las inmediaciones están la bella Cafetería Trevi, el bar de comida española El Horreo y el tugurio semi clandestino El Internet; el primero para merendar plácidamente, el segundo para ver el futbol a solas y el tercero para fiestear duro entre desconocidos.
La Casbah. Ámsterdam 194, Condesa. El único restaurante de comida magrebí en la Ciudad de México es un lugar tranquilo, casi aislado, en plena avenida Ámsterdam, una de las más lindas de la capital. Sugiero pedir una de las mesas de arriba, apoltronarse entre los cojines, tal vez trabajar, leer, escribir, dejar pasar las horas y, claro, probar el sabroso cous-cous con cordero. ¿Mesa para uno? Sí, por favor.
Café Río. Donceles 86, Centro. La cafetería preferida de Carlos Slim, según la propietaria, quien atiende este encantador lugar con sus hijos desde hace varios años. El local tiene décadas. El café moka es famoso. Las mesas son chicas, como para solitarios, parroquianos que leen en silencio, enamorados abandonados. Recomiendo comprar libros en alguna librería de Donceles, y terminar aquí para revisar las compras, leer un poco. Al atardecer la cafetería luce especialmente bien.
Barraca Valenciana. Monterrey 22o, Roma. Patatas bravas únicas, vasitos con vino, tortas de bacalao, chistorra con queso. Es como ir al Salón Covadonga (Puebla 121, Roma), pero sin gente y más barato. El lugar no es hermoso, pero da gusto descubrirlo, sobre todo por su alejamiento de la Roma más populosa.
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Yo amo ir al Trevi!!!
Me ha encantado éste artículo.
Creo que el nicho de los solitarios está muy descuidado por quienes sugieren lugares a donde ir en la ciudad, particularmente nocturnos, no obstante que es amplio dicho sector, ya sea por placer y voluntad propia o por causa circunstancial.
Ojalá haya más recomendaciones al respecto en lo venidero.
Suelo ir a comer sola a la barraca y no puedo perdonar unas patatas bravas y un cerveza helada.
Es un placer egoista y culpable pero…