Azul Histórico

El Azul Histórico es el primero de los restaurantes en el hotel Downtown, de Grupo Hábita, en el Centro Histórico, que abre sus puertas. Decidí probarlo en su primer día de operación.

Por fin es posible entrar al ex palacio de los condes de Miravalle, en Isabel la Católica 30, después de una exhaustiva restauración que mantuvo oculto el interior del inmueble por varios meses. Ahora mismo estoy aquí. Hay pocas mesas ocupadas, los meseros tienen ganas de atender, son las siete de la tarde, la iluminación es tenue, casi de puras velas. Acaban de servirme un mezcal aparentemente artesanal en un guaje. Me pongo a pensar que este lugar podría estar en la calle García Vigil, en Oaxaca, o quizá en San Miguel de Allende. Me siento en otra ciudad. Un par de veces tuve la oportunidad de conocer el edificio durante el proceso de remodelación, la primera gracias al hijo de la restauradora del mural El holocausto de Manuel Rodríguez Lozano, que engalana la escalera, y la segunda en un evento relacionado con el mismo mural. El Azul Histórico abrió anoche, y con él la magnífica puerta de entrada al palacio, el cual todavía luce en obras –por allá se ve a un albañil, por acá a un señor relacionado con el hotel Downtown explicándole a alguien cómo será la decoración, y de vez en cuando algún curioso entra a mirar. Suena una canción de Julieta Venegas. Me decido por el filete de res con una “sofisticada salsa oscura hecha con cenizas de chile”. Así dice en la carta, en la que no hay empacho en presumir las condecoraciones del chef Ricardo Muñoz Zurita, famoso por el Azul y Oro, y el Azul Condesa. Este tercer restaurante promete convertirse en uno de los sitios de moda en el Centro Histórico, y por eso quise venir desde el primer día. Quedo contento con el Azul Histórico por la atención, la belleza de los árboles, la rica salsa quemada que venía con mi filete –sólo un poquito salada al agregarle cebolla– y el abundante flan de maíz con salsa de chocolate. Ahora suena ese tema de La Bien Querida que me pone contento, y antes “Un Actor Mejicano” de La Buena Vida. Bravo por la selección musical de Uriel Waizel. Volveré a mi departamento satisfecho, y con la vista ligeramente dañada por la escasa iluminación –lamento no haber apreciado los tonos de mis platillos. Mañana regresaré a la hora de la comida.



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